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sábado, 4 de mayo de 2013

Perdónenme ustedes, pero siento tal estado de desazón que me duele


Vídeo: concentración en el Ayuntamiento de Ibi



Perdónenme ustedes, pero siento tal estado de desazón que me duele (y mucho).

Les cuento. Ibi se quedó sin servicio de Soporte Vital Básico (las conocidas SVB) en horario de 8.00 a 20.00 horas de la tarde desde el pasado 1 de marzo. Desde entonces ha habido una movilización social (o eso creía hasta ahora) para pedir que se restablezca el servicio, que en sí se podría considerar hasta mínimo: NO estamos hablando de un SAMU (Servicio de Atención Médica Urgente). La diferencia es clara: los SVB llevan conductor y camillero y están (más o menos) equipados para que un médico pueda acompañar al enfermo durante su traslado hasta el centro hospitalario. Mientras que el equipo íntegro del SAMU es de un conductor, un enfermero y un médico; y luego están las TNA (Transporte No Asistido), que solo están dotadas de un conductor. Creo (desde mi humilde opinión) que tampoco se reclama tanto: un SVB para un municipio de 23.616 vecinos (según el padrón oficial del INE).

La Plataforma Pro-Ambulancia ha hecho su labor: desde el 1 de marzo han logrado recoger casi 10.000 firmas (exactamente 9.934) que han sido entregadas recientemente en la Conselleria de Sanidad. El sábado 4  de mayo se llevó a cabo una manifestación por el Centro de Ibi para reivindicar el retorno del servicio de 24 horas. Mi sorpresa, y desgraciadamente la de muchos de mis conciudadanos: la escasa asistencia. Según un policía local (no dato oficial, sino estimación) unas 300 personas. NI el 2% de la población (y eso que muchos padres iban acompañados de sus pequeños). Por no hablar de la representación política. ¿Comprenden mi desazón?



Asistentes a la manifestación del 4 de mayo

¿Qué supone que un municipio de casi 24.000 habitantes no tenga servicio de SVB? 

La 'reestructuración' de los servicios de Sanidad (más conocido para el común de los mortales como RECORTES) ha llevado a que el SVB cubra las poblaciones de Bañeres, Castalla, Onil, Biar e Ibi. Supongamos (como dice la canción) que ante una urgencia en Ibi (municipio con más habitantes, por lo que por probabilidad numérica puede tener más urgencias: tampoco me hagan mucho caso que soy de letras puras) en horario de 8 a 20.00 -su ubicación principal en ese horario es Onil-, la ambulancia está en un servicio; pues habría que esperar a que otra de Alcoy viniese. Pero ¿y si la de Alcoy también está en otro servicio? Esperaríamos a la de Muro. Quizá algunos de ustedes piensen que busco ejemplos retorcidos y que no se van a dar (por probabilidad, digo). Pues NO: las desgracias vienen cuando menos se lo espera uno, no se programan.

Por poner un ejemplo. Hace unos días se llamó a la ambulancia pero ésta tardó UNA HORA, si UNA HORA. Claro está que la atención no era urgente y por eso se optó por esperar a que el SVB que estaba en Villena (a una distancia de 36,4 kilómetros) terminara sus quehaceres y acudiera a la llamada de auxilio de Ibi.


Perdónenme ustedes, pero siento tal estado de desazón que me duele (y mucho). No lo comprendo. Que alguien me lo explique


Fotos de la manifestación:





viernes, 2 de abril de 2010

¿Cómo están las cárceles españolas?

Saturado, masificado, 'a tope'. Son sólo algunos de los términos que podríamos utilizar para hablar de las 82 cárceles españolas y de los 23 centros de internamiento que hay en España. Los últimos datos ofrecidos por los sindicatos de prisiones (Acaip y UGT) señalan un hacinamiento global del 180%. Lo que se traduce en que hay cárceles que triplican el número de reclusos que, legalmente, deberían albergar. Uno de los casos más denunciados por los funcionarios es el centro penitenciario de El Palmar, en Murcia. Su hacinamiento supera el 275%: tiene 375 plazas y actualmente conviven 1.033 presos. Pero no es el único caso alarmante y es que más de la mitad de las cárceles españolas duplican su población. Las 7 prisiones que hay en la Comunidad de Madrid tienen 4.684 celdas y en ellas hay 10.647 reos. Es decir, una celda es compartida por dos, incluso, tres internos. El caso más sangrante, el C.P. De Alcalá Meco, con 430 celdas para 970 reos. (*)

Si analizamos las prisiones de la Comunidad Valenciana, en Alicante Cumplimiento no cabe, como diría la expresión, 'ni un alfiler más'. Tiene 475 plazas pero en la actualidad residen 1.079 reclusos. La prisión de Picassent (Valencia) va por 'el mismo camino'. A pesar de que es uno de los centros penitenciarios con mayor número de plazas (1.365) hay 2.434 internos. Dicho centro, no sólo ocupa páginas y páginas de periódicos casi a diario por su masificación, sino que las agresiones y ataques al personal penitencario y las reyertas entre internos es un hecho casi cotidiano.

¿A qué se debe este hacinamiento? No sólo el aumento de la población registrada en los últimos años (tanto nacional como inmigrante), sino que el endurecimiento del Código Penal (reforma de 1995 en la que las condenas son más extensas y los beneficios carcelarios más estrictos), así como la tipificación de nuevos delitos ha provocado que en las últimas dos décadas, el número de reclusos se haya duplicado (1990: 33.035; 2010: 76.570). Una de las medidas que el Ministerio del Interior quiere llevar a cabo para acabar con la masificación es la aplicación del tercer grado (Cataluña se lo aplica al 25% de sus reclusos).

A fecha del 5 de marzo de 2010, las prisiones españolas albergaban a 76.570 reclusos, de los que 10.752 están en las cárceles catalanas (el gobierno catalán tiene transferidas las competencias penitenciarias). Si diferenciamos el sexo de los reclusos, podríamos afirmar que las cárceles están 'llenas' de hombres y es que, el 92% de los reos son varones (70.392); mientras que las mujeres sólo suponen el 8% (6.178). Ocho de cada diez presos está entre rejas en situación de penado (61.135), mientras que 15.495 todavía esperan su juicio, es decir están en condición preventiva.

España ocupa el sexto lugar (por delante sólo nos supera Estonia, Letonia, Lituania, Polonia y República Checa) en el ránking de presos extranjeros en comparación con el resto de países de la Unión Europa. Los últimos datos ofrecidos por el Ministerio del Interior señalan que la tasa de población reclusa extranjera se sitúa en 162 por cada 100,000 habitantes.

Ni una docena, ni dos, ni tres. Ni más ni menos que hasta 110 nacionalidades conviven en las prisiones españolas. Si echamos la vista atrás sólo una década, el incremento de reos extranjeros es más que preocupante: en el 2000 suponían el 17% del total de reclusos (7.900); en la actualidad superan el 35% del total (más de 27.091). En este periodo, los reos extranjeros han aumentado un 242%, mientras que los nacionales sólo el 37%. Las nacionalidades más comunes son marroquies, argelinos, colombianos y rumanos. Los presos originarios de Países del Este son los más peligrosos ya que se trata de ex-mercenarios y ex -militares.

Y ¿por qué el preso extranjero no cumple su condena en su país de origen? La ley permite que los extranjeros puedan cumplir su pena en el país donde han cometido el hecho delictivo. En 2009, sólo 589 reos de otras nacionalidades pidieron cumplir su condena en su país. A pesar de que es una cifra escasa, tenemos que hablar de un dato positivo ya que en 2003 sólo lo solicitaron 39 reclusos. Pero las buenas condiciones que presentan las cárceles españolas (la de Villena dispone hasta de piscina y aulas de montaje fotográfico y audiovisual: en imagen superior) hace que los delincuentes extranjeros prefieran cumplir su pena en España. Además, los sindicatos aseguran que el excesivo número de reos extranjeros conlleva a que no exista una comunicación verbal entre funcionario e interno. Incluso denuncian que los que saben hablar español no quieren hablarlo.


(*) Datos ofrecidos por UGT, extraídos del último informe de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias.